¿De dónde partimos?

En Dandelión partimos de un marco teórico interdisciplinar (partimos de autores como Vigotsky, Piaget, modelos neurológicos, psicomotrices…). Son modelos basados en el desarrollo típico, centrados en la persona y en su entorno. En ellos la familia toma el protagonismo, por ello creemos que es muy importante asesorarles y apoyarles para que sean capaces de crear interacciones que promuevan el desarrollo en las rutinas y juegos diarios con el niño.

Nuestras intervenciones se basan en la creación de un vínculo afectivo como motor del desarrollo. Desde esta conexión tratamos de reforzar los déficits primarios. Es decir, tratamos de abordar estas áreas desde su núcleo: la capacidad de regulación, conexión, sincronización e interés por el mundo.

¿Cómo llevamos a cabo las sesiones?

La primera clave que seguimos para planificar la intervención es conocer al niño, observar en qué nivel se encuentra, que competencias tiene y cuáles son sus necesidades.

Para determinar su nivel de desarrollo en las diferentes áreas debemos observarle en distintos momentos y situaciones y preguntarnos ¿Qué habilidades  es capaz de desarrollar en su mejor momento (cuando se encuentra motivado, activo, contento) y en el peor (cuando se muestra tenso, nervioso o irritable)?. Estos dos extremos revelan el nivel de desarrollo en el que se encuentra el niño. Es importante conocer esta información porque determina la base desde la que podemos empezar a construir retos que sean desafiantes pero que no supongan un nivel de exigencia demasiado alto  para el niño. Este nivel supone también el punto al que debemos retroceder si vemos que el niño no avanza, se muestra frustrado o incapaz de responder a nuestras demandas.

También es necesario conocer su perfil sensorial (su manera de escuchar, ver tocar, oler y moverse) y  analizar qué tipo de sonidos, movimientos, texturas, imágenes, objetos, juegos… le llaman la atención y le motivan y cuáles le ayudan a sentirse relajado, calmado, feliz y satisfecho.

Por último, es importante conocer cómo expresa el niño sus emociones y necesidades. Esto implica aprender a reconocer su lenguaje verbal y no verbal y aprender a reflejar lo observado, reconociendo al niño en aquello que es importante para él y ayudándole a conseguirlo. Podemos preguntarnos ¿Cómo se siente en este momento? ¿Qué está necesitando (relajación, activación, afecto, juego…)? ¿Cómo podría comprobar que mis hipótesis son ciertas? ¿Cómo podría ayudarle a conseguirlo?

Una vez que sabemos toda esta información podemos usarla para atraer su atención de manera que le resulte más fácil y divertido colaborar con nosotros para llevar a cabo juegos que estimulan su desarrollo. Se trata de conocer y planificar la interacción según su perfil sensorial, sus peculiaridades, necesidades y preferencias.

¿Cómo son las actividades o juegos?

A la hora de planificar las dinámicas de intervención:

-Intentamos crear y desarrollar emociones en el juego como impulso que los conduce hacia un aprendizaje más significativo. Para ello es importante aprender a crear expectación, curiosidad y diversión conjunta. Nuestro primer objetivo por tanto, es aprender cómo crear interacciones emocionalmente significativas con el niño. La clave es aprender a divertirse juntos.

-Priorizamos siempre aquellos juegos que exigen una interacción socioemocional con propósito comunicativo (juegos de intercambio frente a juegos en solitario o en paralelo). Buscamos que el niño desee expresarse y compartir su mundo interno (qué necesita, qué quiere hacer, qué piensa o qué siente en cada momento).

-Esto implica que, en muchas ocasiones, le dejamos elegir o llevar la iniciativa, sin perder de vista nuestro objetivo. Es decir, en un primer momento, buscamos conectar con el niño, imitando o siguiendo sus acciones para ayudarle a conseguir lo que persigue. Después de seguir su inciativa podemos poner en marcha nuestra creatividad para crear barreras que le ayuden a enriquecer el juego y alcanzar nuevos retos.

-Trabajamos a nivel global, con juegos que se preparan para trabajar todos los pilares del desarrollo, ya que entendemos que el progreso en todas las áreas está interrelacionado (en lugar de trabajar las competencias lingüísticas, motoras, cognitivas y socioemocionales por separado, intentamos trabajar para que estas áreas se integren bien en un todo).

-Creemos que el contenido de los juegos no es lo importante, centramos nuestra atención en el proceso. No podemos construir juegos dotados de simbolismo si antes no hemos conseguido una buena interacción con el niño, por eso, antes de guiarle en la escala de desarrollo es necesario profundizar y reforzar el nivel en el que se encuentra, ampliando sus habilidades desde esta base.

-Trabajamos con las competencias y potencialidades del niño de forma progresiva. La clave está en adaptarnos a su nivel, empezando con acciones sencillas que se van complicando poco a apoco.

-Intentamos ir introduciendo novedades en el juego, probando nuevas actividades y materiales que sean motivantes para el niño y que le permitan conseguir satisfacer sus necesidades desde una perspectiva nueva. Entendemos que las situaciones rígidas, ritualizadas y predecibles en exceso pueden ser contraproducentes, ya que éstas inciden sobre los ganglios basales, en lugar de influir en los centros corticales superiores (relacionados con los trastornos de los niños con TEA)