A pesar de la importancia que tiene un correcto afrontamiento de la muerte en los más pequeños, esta necesidad se encuentra muy desatendida debido a que la muerte se ha convertido en un tabú social y educativo. Aunque inevitablemente los niños, a lo largo de su vida, están en contacto con la muerte, a través de dibujos animados, mascotas que mueren, noticias… Por ello es importante que los adultos aborden este tema directamente y con sensibilidad, cuando al pequeño le asalten dudas.

Tradicionalmente, se ha subestimado el poder de los niños para entender conceptos fundamentales en la comprensión de la muerte como la irreversibilidad, universalidad y causalidad. Investigaciones recientes señalan que los niños sí son capaces de comprender que la muerte es un final (irreversible), que afecta a todos (universal) y que tiene que ver con el cese de las funciones corporales (causalidad). Así que estos son los elementos que debemos recoger en nuestra explicación.

Por otra parte, los más pequeños tienden a entender las cosas que les dicen los adultos literalmente, así que debemos tener cuidado a la hora de enmascarar los hechos o usar metáforas que puedan llegar a confundirle (por ejemplo, el abuelito está durmiendo). Teniendo en cuenta que tampoco debemos ser desatinadamente duros para no violentar su pensamiento mágico, por ello es importante la sensibilidad.

Una vez superada la explicación debemos trabajar con el duelo, aunque los niños no exteriorizan sus emociones como lo hacen los adultos, sí pasan por procesos de duelo, que de no ser superados desencadenan procesos patológicos, en los que es frecuente observar estos síntomas:

  • Llanto excesivo y prolongado en el tiempo.
  • Rabietas frecuentes y prolongadas.
  • Cambios extremos en la conducta y retraimiento prolongado.
  • Cambios evidentes en el rendimiento escolar.
  • Parasomnias frecuentes, tales como pesadillas o terrores nocturnos.
  • Apatía, falta de interés o motivación, insensibilidad.
  • Pérdida de peso y apetito.
  • Dolores de cabeza recurrentes.
  • Pensamientos negativos sobre el futuro o falta de interés por el mismo.

Además, existen distintos estilos a la hora de experimentar un duelo patológico. Así, tan perjudicial es prolongar en exceso los síntomas negativos, como experimentar una reacción emocional insuficiente, experimentar los síntomas del duelo en exceso o como no relacionar a las emociones y problemas de salud y conducta con la pérdida sufrida. Si conocemos estos distintos tipos de duelo, y estamos atentos a los indicadores, podremos identificar cuándo un niño no está procesando bien estos acontecimientos.

Existen diferentes actuaciones que pueden ayudar a superar un proceso de duelo. Lo fundamental es atender a la expresión y gestión emocional que debemos abordar desde un punto de vista lúdico. En esta fase resulta fundamental la colaboración entre familias y escuela, ya que estos son los dos agentes primarios de socialización del niño. Desde los dibujos, cartas, murales, pasando por cuentos, actividades de psicomotricidad, relajación y expresión emocional, encontramos una gran diversidad. Sin embargo, es difícil que padres y profesores desarrollen un protocolo de actuación que esté adecuadamente coordinado y sea efectivo. Por esta razón, sería beneficioso que este protocolo existiera con anterioridad y pudiera ponerse en marcha rápidamente. También es bueno que incluya una sección de prevención, para prepararles en el futuro cuando deban enfrentarse con la muerte.

Existe una propuesta desarrollada por Ana León Mejía y Maialen Gorosabel Odriozola, la cual puede ser consultada gratuitamente, de modo que los centros escolares puedan aplicarla y los padres puedan extraer un conocimiento más detallado sobre el afrontamiento de la muerte en los más pequeños y posibles líneas de actuación.

http://pse.elsevier.es/es/la-muerte-educacion-infantil-algunas/articulo/S1135755X16300252/#.WRBBwUXyjIV