¿Quién no ha visto la famosa película de Forrest Gump? Seguro que recuerdan aquella famosa frase de “mi mamá dice que tonto es el que hace tonterías”. Lejos de parecer una simple marca personal de la película, esconde una gran lección de aprendizaje que nos lleva a querer analizar todo lo que esta frase lleva implícito.

Al hablar transmitimos ideas, pensamientos, valores, deseos, emociones…y la forma en que ordenamos y seleccionamos esa información es fundamental para quien la recibe. Como padres y madres hay muchos aspectos de la educación y crianza de los niños que podemos controlar, y uno de ellos es la forma en que les hablamos.

Cuando un niño se equivoca o hace algo mal solemos utilizar frases como por ejemplo “no seas malo y recoge tus juguetes” o “eres un vago y por eso suspendes”. Vamos a detenernos en cada una de ellas y desgranar lo que estamos comunicando:

  • “No seas malo y recoge tus juguetes”: Cuando empezamos las frases con un NO (no te subas en el sofá, no grites…) estamos poniendo el foco de atención en lo negativo y no les mostramos qué alternativas son las adecuadas. En cambio, si transformamos estas frases a un lenguaje más positivo conseguiremos evitar la confusión y ayudarles a aprender cuáles son los comportamientos aceptables. En lugar de “no seas malo y recoge tus juguetes” podríamos decir: “recoge tus juguetes para que no se pierdan y puedas jugar mañana de nuevo con ellos”. Esta nueva forma de transmitir una norma les envía un mensaje de qué es lo que queremos, sin dañar su autoestima o señalarles como culpables, y les enseña a responsabilizarse de sus cosas.
  • “Eres un vago y por eso suspendes”: En este caso, estamos etiquetando a nuestro hijo de “vago” y les transmitimos que el problema no tiene solución. Cuando les calificamos continuamente con algún adjetivo negativo sólo conseguimos que interioricen que son así y no hay nada que puedan hacer por cambiar, de modo que les limitamos y difícilmente harán algo por cambiar y mejorar. Una alternativa a juzgarles por su comportamiento, sin encasillarles ni ofenderles, podría ser: puede que hayas suspendido porque no has hecho los deberes, ¿necesitas que te ayude?”. Este mensaje alternativo que ofrecemos les ayuda a entender que un comportamiento concreto ha tenido una consecuencia negativa, pero que estamos dispuestos a ayudarles a no volver a cometer el mismo error.

Si la Sra. Gump hubiera dejado que Forrest asimilara el mensaje de “eres tonto” que las personas de su alrededor le recordaban una y otra vez, su hijo no habría conseguido llegar tan lejos. Al contrario, ella nunca le etiquetó e intento transmitirle la enseñanza de que tener discapacidad no le convertía en “tonto”. Nunca se centró en sus dificultades sino en aquello que se le daba bien y le gustaba hacer y le ayudó a potenciarlo. Ella siempre le habló de manera positiva.

La comunicación entre padres, madres e hijos es fundamental para la educación y desarrollo del menor, y siempre que trabajamos con familias que no consiguen comunicarse de manera positiva y eficaz les sugerimos que reflexionen sobre lo que dicen e intenten seguir alguno de estos consejos:

  1. Escucha y comprende sus preocupaciones. A veces es tan fácil como detenerte a escuchar qué necesitan y cómo se sienten para entender el por qué hacen lo que hacen.
  2. Habla en positivo, evita el NO y las generalizaciones (siempre, nunca, todo, nada…).
  3. Sé flexible, no anticipes ni les predispongas a ser o actuar de una determinada forma.
  4. Refuerza su autoestima, no les etiquetes.
  5. No les hables sólo para llamarles la atención. Dedica tiempos a conversar sobre sus aficiones, sus amigos, si lo ha pasado bien en el colegio, etc.