Los deberes, ese quebradero de cabeza para la mayoría de los padres y madres y que tanto debate está suscitando últimamente. Que los deberes son una realidad en nuestro sistema educativo es indiscutible: por mucho que nos guste o nos deje de gustar este sistema, hemos de aceptar que los niños van a pasar muchas horas fuera del horario de clase haciendo actividades, esquemas, ejercicios, estudiando para los exámenes… y como padres y madres nos vemos obligados a echarles una mano. Pero… ¿realmente les ofrecemos la ayuda que necesitan?

Hay múltiples formas de apoyar y muchas estrategias que podemos poner en marcha cuando queremos ayudarles con los deberes y el estudio. En el blog de hoy nos gustaría aclarar la diferencia que existe entre controlar y supervisar las tareas escolares.

Cuando CONTROLAMOS lo que hacemos básicamente es vigilar que pasen la tarde sentados en su escritorio, sin interesarnos por lo que hacen o si tienen dificultades. Si nuestro hijo se distrae, no cumple con el horario de estudio o se bloquea, la reacción típica es discutir y reprochar que es su obligación hacer los deberes y aprobar.

Con esta actitud de “control” lo que transmitimos a los niños es que el proceso no importa y que lo importante son los resultados, es decir, mandamos un mensaje de “hay que aprobar y sacar buenas notas sin importar lo que se aprenda”. Si se da el caso de que no termina los deberes o trae un examen suspenso la consecuencia suele ser el castigo (por ejemplo: recriminar que es un mal estudiante, no dejarles ver la televisión o jugar a videojuegos, etc).

Además, cuando tomamos un rol de controladores tendemos a no dejarles espacio para hacer solos los deberes y enfrentarse a ellos. Es importante saber en qué momento tenemos que estar junto a ellos para apoyarles y cuándo dejarles solos. Nos olvidamos muchas veces de que son niños en continuo aprendizaje y que también necesitan jugar, divertirse e incluso aburrirse.

Para evitar caer en conductas controladoras que no benefician el aprendizaje de los hijos, en Dandelión recomendamos tomar una actitud de SUPERVISIÓN y seguir una serie de pautas de acción:

  • Ayúdale a crear un hábito de estudio diseñando conjuntamente un horario donde haya tiempos dedicados a hacer los deberes y tiempos para divertirse y aburrirse.
  • Cuando no se cumple con lo acordado, es importante que se les recuerde que es hora de hacer las tareas o estudiar y que pasado ese tiempo es cuando podrán hacer lo que quieran.
  • A veces, cuando un niño se distrae está transmitiendo que necesita ayuda. Un buen método es acercarnos a ellos y pedirles que nos cuenten qué están haciendo para posteriormente ofrecerles nuestra ayuda.
  • Para ayudarles es bueno que comencemos sentándonos con ellos, pidiéndoles que revisen qué tareas tienen que hacer y dedicar los primeros minutos a comprobar que no tienen problemas para llevarlas a cabo. Una vez están inmersos en la tarea es el momento de dejarles que continúen solos, recordándoles siempre que si necesitan ayuda la pidan.
  • Otro método para facilitarles la organización es llevar a cabo el “método sándwich”. Este método suele ser efectivo cuando tienen que enfrentarse a diferentes asignaturas y no saben cómo hacerlo, donde le recomendamos empezar por la más fácil, para seguir con la más difícil o la que menos les gusta y acabar con la más divertida o que menos tiempo tenga que invertir.
  • Cuando no se hacen las tareas o se suspende un examen, lo recomendable es hablar con ellos y hacerles reflexionar sobre lo que ha podido pasar y ayudarles a buscar una solución (cambiar el plan de acción, buscar refuerzo en alguna asignatura, dedicar más tiempo a lo que cuesta más, reconocer que no se ha estudiado lo suficiente, etc.) en lugar de castigarles o recriminarles por ser malos estudiantes.

Como todo en la vida, no siempre estamos encasillados en una u otra postura (ser controlador o ser supervisor) sino que solemos utilizar estrategias de un tipo u otro en función del día que hayamos tenido, de lo que le esté costando a nuestro hijo hacer los deberes esa tarde, del tiempo disponible, de la paciencia que tengamos ese día… Os invitamos a reflexionar para ser conscientes de si realmente estáis ofreciendo ayuda positiva o no, reconociendo vuestra forma de actuar en diferentes situaciones para poder cambiar el control por la supervisión cuando sea necesario, aprovechando las pautas que hoy os recomendamos.