“¡No te enfades!”, ¡no llores!” ¿Sabemos trabajar nuestras propias emociones y las de nuestros hij@s y alumn@s?

Progresivamente, las personas que formamos la sociedad, vamos dando importancia a trabajar la educación emocional en los diferentes contextos educativos. Cuando pensamos en trabajar la educación emocional, automáticamente, aparecen en nuestra mente un sinfín de estrategias, actividades para trabajar la empatía, la escucha activa, etc. Todas las ideas que tendemos a generar en nuestra cabeza suponen una observación de las emociones que sienten otros ante diferentes situaciones. Hay un sinfín de películas, youtubers, canciones y otros recursos digitales que como explica Dolors Reig (2016), permiten trabajar la expresión emocional, dándoles un uso concreto. Puede, incluso, que como explica esta autora, las dos últimas generaciones de personas nacidas, sean las que mayor conciencia social tengan. Sin embargo, nos planteamos si no estamos promoviendo unos procesos de enseñanza-aprendizaje emocional por el tejado.  ¿No estamos exigiéndole demasiado a un niñ@ cuando le decimos que tenga en cuenta cómo nos sentimos nosotros, su hermanito o una persona desconocida cuando no ayudamos a que él mismo observe sus propias emociones y las sensaciones corporales que éstas generan?

Ante esta pregunta se genera otra, ¿Sabemos nosotros, los profesionales de la educación, las familias, observar nuestras propias emociones, nuestras sensaciones corporales? No podemos olvidar que los seres humanos aprendemos a partir del modelado. Quizás entonces, tengamos que empezar a dar importancia a tomar conciencia de nuestras propias sensaciones corporales. Nuestro cuerpo nos mantiene erguidos, nos permite movernos, pensar y en definitiva, hacer las miles de cosas que hacemos a lo largo del día. Si bien, le prestamos atención en muy pocas ocasiones, tan solo cuando nos grita demasiado.  Es entonces, cuando notamos un dolor insoportable en la espalda, que lleva acompañándonos meses, pero al que no le hemos hecho caso, o una ansiedad que nos bloquea, que también llevaba un tiempo avisándonos de que algo no iba bien. Pero no vayamos a pensar que mirarnos por dentro es tarea fácil, por supuesto que no, pero a largo plazo, tiene grandes beneficios en todos los ámbitos de nuestra persona.

Es por ello, que os sugerimos algunas estrategias y/o actividades basadas en el mindfulness, que os podrían ayudar a miraros por dentro y cuidaros, para poder ser de forma progresiva un modelo de observación y regulación emocional consciente y atento:

 

  1. Busca 10 min al día dedicados a observar los fenómenos que ocurren a tu alrededor y/o en ti mism@ y fíjate en cómo impactan en tu cuerpo. Pueden ser 5 min en un momento del día y otros 5 en otro, no importa, la idea es que la introspección se convierta en un hábito.
  1. Es importante que busques un lugar y momento en el que creas que nadie te va a interrumpir en tu práctica.
  1. ¿Cómo puedes empezar a observarte? Caminando de manera consciente. Por ejemplo, puedes caminar descalzo por el suelo de casa, por la hierba del jardín o el parque de al lado. La idea es que camines muy despacio, fijándote en la presión que sientes en el pie cuando apoyas primero el talón y poco a poco el resto del pie. Toma nota también de las diferencias de temperatura entre la parte del pie que toca el suelo, y la que no lo hace. Observa cómo tu cuerpo hace continuos reequilibrios para que no te caigas. Nota también el aire rozándote la cara, la nuca, los brazos y las diferentes partes del cuerpo y la diferencia de temperatura entre tu cuerpo y el aire o el ambiente.
  1. Intenta poner atención plena en tu respiración. Para ello, primero busca una esterilla y una mantita pequeña porque este ejercicio se hace sentado en el suelo. Es importante que estés cómodo, pero atento. Coloca la mantita debajo del culete y tus piernas lo más pegadas al suelo que puedas, sin llegar a estar rígido. Una vez hecho esto, cierra los ojos y toma conciencia de la fuerza de la gravedad, que tira de ti hacia abajo. Quizás puedas moverte un poco, para sentir que todo tu cuerpo descansa sobre el suelo. También observa cómo hay otra fuerza, que tira de tu cuerpo hacia arriba y te mantiene erguido. Una vez que tengas una posición cómoda, lo que vamos a intentar  es dejar marchar la tendencia de tu mente de aferrarse a las miles de preocupaciones y tareas cotidianas que se generan en tu conciencia, para poco a poco ir aprendiendo a estar en el aquí y en el ahora. Para ello, observa los fenómenos que ocurren a cada segundo durante por ejemplo 2 min. Si ya lo has hecho, centra tu atención en la respiración, que es uno de estos fenómenos, sin cerrar tu conciencia a otros fenómenos, pero manteniendo como centro de tu conciencia la respiración.
  1. Si te cuesta un poco centrar tu atención en la respiración, observa cómo la inspiración llena tu cuerpo y la espiración, lo libera de tensiones. Toma nota además de cómo el aire entra por las fosas nasales, cómo cambia la temperatura al entrar el aire y cómo vuelve a hacerlo al soltarlo, cómo las fosas nasales se llenan de humedad al inspirar y qué ocurre cuando espiramos…
  1. Observa si descubres que en algún momento has olvidado la respiración. La mente tiende a generar pensamientos y sentimientos de forma natural. Cuando observes alguno, vuelve a centrar tu atención tranquilamente y de forma amable, no te juzgues por despistarte.
  1. Entre estos pensamientos puede que encuentres alguno similar a: ¡uf, qué difícil es hacer esto! Yo no sé centrarme en la respiración. ¡Se me ha dormido el pie! ¡Qué postura más incómoda! No pasa nada, recuerda que nuestros objetivos son tomar conciencia de que la mente del ser humano se despista, nos pone resistencias a la observación de nosotros mismos y a veces va de un pensamiento a otro perdiendo el rumbo. Esta toma de conciencia te ayudará a ir adquiriendo estrategias para llevar el foco de atención de nuevo a tu interior.
  1. Intenta no juzgar la experiencia, simplemente, vívela.

Animaros a vivir esta experiencia, al fin y al cabo, es un ratito dedicado a vosotros mism@s.

 

 

Referencias:

Reig, D. (2016, abril). La creatividad en la era digital. Ponencia-debate. Madrid.